El embarazo es una situación fisiológica en la que se incrementan las necesidades nutricionales para cubrir no solo, las demandas de la mujer gestante, sino también las requeridas para el crecimiento y desarrollo del feto; preparar al organismo materno para el parto, y promover la futura lactancia.

Durante ésta etapa, es habitual que se presente una disminución de la motilidad gastrointestinal. Debido a ello pueden aparecer, ardores, vómitos y estreñimiento. Aumenta también el consumo de oxígeno, por el metabolismo fetal, de la placenta y de las mamas.

El aparato urinario, también presenta cambios, relacionados con la relajación de la musculatura, lo que facilita la aparición de infecciones urinarias.

Aumenta el volumen sanguíneo, y es bastante frecuente la aparición de edemas, sobre todo en las extremidades inferiores, por la compresión de la vascularización pélvica, entre otras cosas.

De acuerdo a las características antes detalladas, se hace necesario observar el cumplimiento de recomendaciones nutricionales básicas, tendientes a promover salud y calidad de vida tanto a la mamá como al bebé, previniendo además la aparición de complicaciones para la salud.

 

{tab Energía, Proteínas y Lípidos.}

Energía:
La gestante, tiene un aumento en la demanda de energía, para requerimientos propios y para el crecimiento fetal.
Sin embargo, este aumento será progresivo a partir del cuarto mes de gestación, en aproximadamente 300 KCAL/Día para el segundo y tercer trimestre.

Proteínas:
Aumenta la recomendación para apoyar la síntesis de tejidos maternos y fetales.
Se recomiendan, en lo posible, proteínas de alto valor biológico, especialmente carnes rojas magras, adicionalmente por su aporte de hierro.

Lípidos:
En la gestación, el gran desarrollo del sistema nervioso, exige un importante aporte de ácidos grasos esenciales, omegas 3 y 6.

{tab Vitaminas.}

Es bastante frecuente la suplementación vitamínica en forma de complejos farmacéuticos. Sin embargo, esta recomendación es innecesaria si las ingestas son las adecuadas, excepto en grupos de alto riesgo.

Las vitaminas presentan una demanda aumentada en la gestación, pero ese requerimiento se verá cubierto con el aumento de energía previsto para el 2do y 3er. Trimestre.
Por lo tanto, solo merecen especial atención el ácido fólico (B9) y la vitamina D.

El ácido fólico es primordial en la síntesis del ADN y la replicación celular que ocurre durante el embarazo. Su deficiencia puede llevar a padecer anemia megaloblástica en la embarazada y malformación nerviosa en el feto.

¿En qué alimentos los encontramos?
En la escarola, queso brie, espinaca, berro, brócoli, acelga, tomate, batata, fresas, lechuga, panes y harinas integrales, bananas, huevos, naranja, kiwi, pescado.

La vitamina D, juega un papel clave para la correcta absorción del calcio. Para ello recomendamos la exposición a la luz solar de manera habitual y la selección de leches enriquecidas con dicha vitamina.

Minerales: los alimentos ricos en calcio deben estar presentes en la alimentación habitual de la embarazada (quesos, leches, yogures, frutos secos, sésamo). Si su aporte no es suficiente, el feto, utilizará el calcio de los huesos de su mamá, causando futuros problemas a ésta por la desmineralización ósea excesiva.

El hierro, debe satisfacer las necesidades maternas y las fetales debido al incremento de los tejidos y eritrocitos. En general, este mineral, suele estar suplementado, pero podemos encontrarlo en carnes rojas magras, hojas verdes, legumbres y alimentos fortificados.

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