El periodo de la niñez abarca de 1 a 10 años, subdividiéndose la misma en tres etapas: maternal, preescolar y escolar.

Nos referiremos brevemente a las características nutricionales generales de cada una de ellas:

 

{tab Edad Maternal: 1 a 3 años.}

A partir del primer año de vida la alimentación adecuada y equilibrada debe: permitir el desarrollo y crecimiento adecuado, evitar carencias nutricionales y prevenir enfermedades en la adultez, sobre todo, aquellas que guardan una estrecha relación con la alimentación.

El ritmo de crecimiento durante estos años, es más lento que en la lactancia. Las diferencias de peso y talla entre ambos sexos, son mínimas; sin embargo, a partir de los dos años, las niñas desarrollan un mayor depósito de grasa subcutánea.

La maduración de las funciones digestivas y metabólicas, permiten incorporar a la dieta del niño, una gran variedad de alimentos. Pero es importante tener en cuenta que al enlentecerse la velocidad de crecimiento, se reducen también los requerimientos nutricionales, condición que se traduce en una ingesta espontánea menor.

Es por ello que en esta etapa conviene preocuparse de la variedad y composición de los alimentos, que obsesionarse por la cantidad, que casi siempre nos conduce a malos hábitos de alimentación, ingestas irregulares e inadecuadas que pueden persistir durante toda la vida conjuntamente con el desarrollo de la obesidad.

{tab Edad Pre-escolar: 3 a 6 años.}

Edad Preescolar y escolar:

Esta etapa se caracteriza por un período de crecimiento estable, con menores, pero no menos importantes necesidades para el desarrollo.

La dependencia familiar se rompe con la ampliación de los ámbitos socioculturales: la escolarización. Este proceso le permite adquirir al niño, cierto grado de autonomía en cuanto a su alimentación. Se consolidan hábitos alimentarios, con lo cual, son de capital importancia los factores educativos familiares y escolares.

En la formación de estos hábitos intervienen factores genéticos, ambientales y culturales: transmisión social intragrupal o intrafamiliar, la influencia de los compañeros y la imitación.

El papel de la escuela es fundamental a la hora de reforzar o, en ocasiones corregir, los hábitos nutricionales adquiridos en el seno familiar constituyéndose en un instrumento de educación sanitaria y nutricional. De esta forma el niño aprende que su estado de salud depende en parte de su comportamiento alimentario y podrá mejorar hábitos dietéticos llegando a la edad adulta con un mejor estado de salud nutricional.

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